Dinamismo y reciclaje

La obra de Juan Canals

Por: Ángel Alonso

 

Para Juan Canals Carreras (L´Hospitalet de Llobregat, 1964), llegar a un resultado implica aventurarse a cruzar un precipicio, pero para ello le es preciso construir un puente, un camino de salvación; no forzando la arquitectura sino -para decirlo con palabras de Deleuze- «dejando que salga el orden que hay en el propio abismo». Su proceso de ejecución se fundamenta en no frenar nada de lo que surja, y al mismo tiempo, no quedarse con todo lo que surja, sino seleccionar los aciertos y desechar los desaciertos. Si bajo los métodos más tradicionales y académicos, el acto de componer es previo a la ejecución y al resultado, en estas pinturas parece haber ocurrido lo contrario, la composición se determina después, tapando esta zona, reordenando aquella, y hasta mediante el ensamblaje de recortes de cartón provenientes de otras obras. Como en un juego de cajas, una obra yace dentro de otra, lo que ayer fue un dibujo individual puede hoy ser parte de otro, o de una nueva pintura, y los ensamblados cartones, con sus cortes y rasgados, remiten a ese gusto por la materia que seduce a tantos pintores en esta zona del mundo. Su pintura siempre nos sorprende, y eso ocurre porque no está sometida a ninguna regla tiránica, no está condicionada por una propuesta que haya que cumplimentar, no constituye una tesis que haya que defender, más allá del acto puro de pintar, entendiendo la pureza como acto desinteresado y libre. Juan extiende sobre sus telas y sus cartones una avalancha de impulsos que luego ordena y equilibra. Canals se nutre de la herencia expresionista, de la abstracción y de la huella del arte matérico. Aunque reconozcamos su pincelada muy fácilmente, no hay una sola repetición mecánica en su obra, cada trazo es nuevo, cada figura nos dice algo diferente. Las irregularidades son su lenguaje, las inexactitudes su expresión más fresca. No hay un solo chorreado que sea fingido o estudiado, no hay poses ni maquillajes, lo que ves es lo que hizo, y el espectador no se siente engañado, porque como Aristóteles, da más importancia al proceso que al producto acabado. Lejos de esconderse tras arreglos escenográficos, y ajeno a todo efectismo impactante, lo que Juan nos presenta es una obra desnuda, en la que el reciclaje juega un papel primordial y los procesos quedan al descubierto. Sus personajes, invenciones fabulosas que mezclan lo humano, lo animal y lo tecnológico -a veces en una misma figura- nos narran hilarantes historias a través del color, de las texturas y los textos que ocasionalmente incorpora. Sus extraños aviones nos conducen a una ansiada fuga, a la búsqueda de la libertad.