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Historiadora del arte y Critica del Arte. Andrea Garcia Casal

 

‘’Creo que llega el momento en que, gracias a un progreso paranoico y activo de la mente, será posible (junto con el automatismo y otros estados pasivos) sistematizar la confusión y contribuir así a desacreditar por completo el mundo de la realidad’’.

 

Salvador Dalí. Oración extraída de El objeto, tal como se revela en el experimento surrealista. 1931, vinculada, tal y como lo aclara el autor, a su obra La mujer visible (1930).

 

El arte de Juan Canals Carreras (L´Hospitalet de Llobregat, 1964) tiene una característica que resulta singular. Es práctico recordar que él proviene de Cataluña: la cuna del surrealismo español por excelencia. Está claro que sus antecesores y antecesoras surrealistas le han marcado, aunque sea de manera sutil, transmitiéndole una técnica artística que realmente no estuvo vigente demasiados años en su versión original, ortodoxa, una vez empezó a ser utilizada por los círculos surrealistas. Estamos hablando del automatismo psíquico.

 

Por esta razón, la producción de Canals es exclusiva, recuperando un procedimiento venido del surrealismo primigenio y que el artista del movimiento Salvador Dalí, en su peculiar praxis, intentó legitimar cada vez que le fue posible hacerlo. Con todo, las palabras dalinianas que introducen el presente texto son totalmente válidas y adecuadas respecto al arte de nuestro protagonista. Sin lugar a duda, desacreditar la realidad era en Dalí un objetivo, pero para Canals, lo que prima es alejarse de la realidad tal y como la hemos construido. No se trata de invalidarla, ni de ‘’sistematizar la confusión’’. Pero sí de deconstruirla y crear arte a partir de cero, en la medida de lo posible.

 

En la pintura de nuestro protagonista no hay, por ejemplo, el empleo de los sistemas simbólicos, ya que sus obras, a pesar de mostrar imágenes, no plasman nada predeterminado. No existen ni siquiera los arquetipos, rememorando al psiquiatra Carl Gustav Jung, pues de encontrarse con estos durante el trabajo artístico, los rehúsa. La creación automática permite a Canals mantenerse en un estado de apartamiento de la realidad interna, no solo de la realidad visible. Cuando crea, quiere olvidarse de su propia razón, del lenguaje, del símbolo. Sin impresiones recibidas del exterior y con la ausencia de pensamientos concretos, empieza a dibujar, también a pintar, recortar y pegar, ensamblar, grabar, esculpir —ya no con la misma frecuencia que la centuria pasada—; los materiales y subtécnicas van tomando forma progresiva y arbitraria. De pronto, la mente queda nublada y el cuerpo se transforma en un medio artístico más, ejecutando la pieza con lo connatural que tiene desde que ha nacido: el movimiento. De ahí que las obras de Canals posean, por un lado, gran azar en lo referente a los soportes seleccionados, apareciendo, incluso, hojas impresas que no se ligan a ninguna cuestión en particular y asimismo, la fuerte presencia de la gestualidad, del movimiento antes citado, en cada trazo, pincelada o recorte. El artista se identifica con la palabra impulso cuando explica su obra y, en efecto, su arte es la consecuencia de trabajar sin reflexiones previas. 

Como bien aclaró el teórico surrealista André Breton, al definir el movimiento surrealismo: ‘’[a]utomatismo psíquico puro por medio del cual se intenta expresar […] el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral’’ (André Breton, ¿Qué es el surrealismo?, 1934). Llama la atención que Canals, siendo artista de amplia trayectoria, mantenga siempre el mismo interés en el automatismo psíquico en lugar de huir de este, como sucedió con la inmensa mayoría de artistas surrealistas del siglo XX. Es evidente que se siente cómodo en su particular anulación de la razón en pro de la creación. También es importante comentar que ha elaborado, sin buscarlo, una iconografía propia, resultado de la omisión de las realidades convencionales —la realidad interna y la realidad visible—. Tras hacer converger azarosamente varios trazos, pigmentos, tajos y un largo etcétera, de manera casi idéntica a través del procedimiento automático, nuestro protagonista ha hallado una ordenación particular y única de imágenes que, en ocasiones, prácticamente se repiten entre sí.

 

El fruto de su experimentación durante décadas le ha llevado a este descubrimiento, manteniéndose fiel a no caer en la reproducción de las realidades. Por otro lado, ha conseguido articular una realidad propia, tanto interna —suprimiendo la razón, dejando actuar a lo primordial de su mente y de su cuerpo— como visible —pues su realidad se hace patente en el mundo mediante la plástica—. Una vez manifestó el pintor surrealista André Masson que ‘’el automatismo (la investigación de los poderes del inconsciente), los sueños y la asociación de imágenes sólo proveen los materiales. De igual manera, la naturaleza y sus elementos proveen los temas. […] Lo inconsciente y lo consciente, la intuición y el intelecto, deben operar en la mente subconsciente en una radiante unidad’’ (André Masson, La pintura como apuesta, 1941). No obstante, para Canals, el automatismo le suministra todo en la creación, culminando en la obra de arte. Masson mencionaba la ‘’radiante unidad’’ de fusionar inconsciente y consciente, intuición e intelecto. En el autor catalán, se entiende como radiante unidad el resultado de anular todas estas nociones lo más puramente posible, trabajando en un libre albedrío con el que sale a relucir lo suyo, lo innato, traducido en producto plástico.

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Juan Canals: psychic automatism to omit the internal and visible reality. 

By Andrea García Casal, art historian and art critic.

 

“I believe that the time has come when, thanks to a paranoid and active progress of the mind, it will be possible (along with automatism and other passive states) to systematize confusion and thus contribute to discrediting the world of reality completely.”

Salvador Dalí. Sentence extracted from The Object, as Revealed in Surrealist Experiment. 1931, linked, as the author clarifies, to his work The Visible Woman (1930).

The art of Juan Canals Carreras (L’Hospitalet de Llobregat, 1964) has a characteristic that is singular. It is practical to remember that he comes from Catalonia: the cradle of Spanish surrealism par excellence. It is clear that his surrealist predecessors have marked him, even if it is in a subtle way, transmitting an artistic technique that was not really valid for too many years in its original, orthodox version once it began to be used by surrealist circles. We are talking about psychic automatism.

For this reason, Canals’ production is exclusive, recovering a procedure that came from primordial surrealism and that the artist of the movement Salvador Dalí, in his peculiar praxis, tried to legitimize every time he could. However, the Dalinian words that introduce this text are totally valid and appropriate regarding our protagonist’s art. Without a doubt, discrediting reality was an objective for Dalí, but for Canals, what matters is to distance himself from reality as we have constructed it. It is not about invalidating it or “systematizing confusion”. But rather deconstructing it and creating art from scratch, as far as possible.

In the painting of our protagonist, there is no use of symbolic systems, for his works, despite showing images, do not depict anything predetermined. There are not even archetypes, reminiscent of psychiatrist Carl Gustav Jung, as he refuses them if he encounters them during his artistic work. Automatic creation allows Canals to maintain a state of detachment from internal reality, not just visible reality. When he creates, he wants to forget his own reason, language, and symbol. Without impressions received from the outside and with the absence of concrete thoughts, he begins to draw, paint, cut and paste, assemble, engrave, sculpt - no longer with the same frequency as in the past century - materials and sub-techniques take on a progressive and arbitrary form. Suddenly, the mind becomes clouded and the body becomes another artistic medium, executing the piece with what is connatural to it since birth: movement. Hence Canals’ works possess great chance regarding the selected supports on one hand, even appearing printed sheets that are not linked to any particular issue and also the strong presence of gesturality, of the aforementioned movement in each stroke, brushstroke or cut. The artist identifies with the word impulse when explaining his work and indeed his art is the consequence of working without prior reflection.

As the surrealist theorist André Breton clarified when defining the surrealist movement: ‘pure psychic automatism by means of which one proposes to express…the real functioning of thought. Dictation of thought in the absence of all control exercised by reason, outside of all aesthetic and moral preoccupation’ (André Breton, What is Surrealism?, 1934). It is noteworthy that Canals, being an artist with a wide trajectory, always maintains the same interest in psychic automatism instead of shying away from it, as happened with the vast majority of surrealist artists in the 20th century. It is evident that he feels comfortable in his particular annulment of reason in favor of creation. It is also important to note that he has elaborated, without seeking it, his own iconography, resulting from the omission of conventional realities - internal and visible reality. After randomly converging various strokes, pigments, cuts, and so on, almost identically through the automatic procedure, our protagonist has found a particular and unique arrangement of images that sometimes practically repeat themselves .

The fruit of his experimentation for decades has led him to this discovery, remaining faithful to not falling into the reproduction of realities. On the other hand, he has managed to articulate his own reality, both internal - suppressing reason, letting the primordial of his mind and body act - and visible - since his reality becomes evident in the world through plastic arts. Once, surrealist painter André Masson stated that ‘automatism (the investigation of the powers of the unconscious), dreams, and the association of images only provide materials. Similarly, nature and its elements provide themes. […] The unconscious and the conscious, intuition and intellect, must operate in the subconscious mind in a radiant unity’ (André Masson, Painting as a Bet, 1941). However, for Canals, automatism supplies everything in creation, culminating in the work of art. Masson mentioned the ‘radiant unity’ of merging unconscious and conscious, intuition and intellect. In the Catalan author’s work, radiant unity is understood as the result of canceling all these notions as purely as possible, working with free will to bring out what is innate and translated into plastic product.

Ancla 1
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